Saber mirar es encontrarse con la expresión oculta de cada atmósfera en que respiramos. La reflexión que sobre el paisaje y su relación con el individuo que se aleja o se adentra en él, centra la creación más significativa de Dámaso Ruano, quizá porque el espacio nos pertenece en la misma proporción en que habitamos o construimos con exactitud los límites de la soledad, esto es, la amalgama de lugares fronterizos que coexisten entre la realidad (entendida como una forma de sentirla) y la abstracción de lo real (entendida como una forma de observación, o sencillamente, como una propuesta). A este afán de búsqueda y clarividencia con los parámetros del color, las formas geométricas, las texturas, o la yuxtaposición de elementos tan distintos, podría denominarse como la manera en que Ruano consigue revelarnos las otras voces, los otros gestos, las otras miradas.

Saber mirar es hacer olvido con las formas del tiempo, conformar un estado de eternidad entre lo que vemos y lo que percibimos, que perdurará siempre en nuestras retinas. Somos en la medida en que podemos recordar todos los trazos que palpitan a nuestro alrededor. Y cuatro décadas de expresión artísticas dedicadas a la elaboración de un lenguaje propio basado en el manejo del dibujo y el color casi ausentes, y del espacio y la luz tan constantes, permite que la memoria de los lugares y objetos retratados en la pintura de Dámaso sean también los nuestros, que sus relaciones (de identidad o ruptura) con nuestro entorno sean iguales a las nuestras, o que la sensación de pureza (a veces de contaminación) de cuanto nos abraza sea semejante a la que nosotros sentimos ante el espejo, o ante la visión que más nos pertenezca, y que tan ajenos, a menudo ignoramos. También somos según aprendemos a mirar y a reconocer. "La metáfora escamotea un objeto enmascarándolo con otro, y no tendría sentido si no viéramos bajo ella un instinto que induce al hombre a evitar realidades", escribió Ortega refiriéndose al procedimiento por el que nos protegemos del mundo reinventándolo.

Que la pintura de Dámaso Ruano otorgue a cuanto alcance su don de ser en lo desconocido, la estética revelada de quienes saben mirar, o de quienes se atreven a mirar y de este modo descubren cuanto late en lo invisible.

 
DAVID DELFÍN
 

David Delfín es escritor, autor entre otras publicaciones, de los libros de poemas Nombrar el silencio (1994), Arqueología disponible (1998), Alrededor (1999) y Triduo (2000).